La libertad de expresión

Hoy, tocaré un punto que puede provocar opiniones encontradas, y quiero iniciar con la siguiente pregunta: ¿Es aceptable faltar al respeto y violentar los derechos dentro de las redes sociales, so pretexto del hartazgo que vivimos por la crisis social, la corrupción, la impunidad y la deshonestidad que padecemos en la actualidad?

Las redes sociales, son hoy por hoy, una herramienta surgida en los tiempos modernos, que abre la puerta a una libertad de expresión histórica, sin límites ni restricciones. Es un medio, que destraba lo que antes se mantenía sujeto a los intereses de los grandes poderes en el área de la comunicación.

Ahora podemos ver, leer y oír lo que no era posible en los medios escritos y electrónicos, a causa de los filtros sistemáticos y muchas veces imposiciones de poder.

Las redes sociales, han revolucionado lo que estaba limitado; sumando a esto, la facilidad que nos dan los teléfonos y cámaras digitales para el registro de incidentes para una denuncia pública.

Definitivamente, estamos viviendo la libertad de expresión al máximo. Pero ¿qué tan peligrosa es esta libertad, cuando no contamos con la madurez y formación social para hacer buen uso de ella?

Quiero aclarar, que esta inmadurez o falta de inteligencia emocional (control) es provocada por la crisis de educación formativa que vivimos. La libertad que nos están proporcionando las redes sociales, es sumamente riesgosa y peligrosa, porque no sólo nos permiten la expresión y la crítica objetiva y sabia, sino también la inconsciente, necia y denigrante.

La libertad de expresión es parte fundamental de la democracia, pero para manejarla se necesita una sociedad con cultura de respeto.

Estoy consciente del cansancio y hartazgo que se vive en el país por la incapacidad, insensibilidad y falta de valores que exhiben muchos de los gobernantes; desatando la oleada de ataques verbales más impresionante de toda la historia, gracias a las facilidades que nos dan las redes sociales. Es increíble que nos dediquemos a atacar lo que deberíamos honrar y respetar. Pero lo más increíble es que nos dedicamos al ataque y no a la solución. Mi pregunta es: ¿por qué tenemos que caer en este juego de la denigración si somos nosotros (el pueblo) los que votamos por los gobernantes que tenemos? ¿Por qué primero caemos en el juego de las campañas para dar el voto y después nos volcamos con el ataque? ¿Qué es lo que nos está pasando?

Porque primero nos emocionamos y caemos en la psicosis colectiva de las campañas, perdiendo de vista lo más importante “escoger al mejor”; aquel que posee la capacidad, las bases y los principios para desarrollar un gobierno comprometido con la justicia, la legalidad, la seguridad de las familias, la sustentabilidad y el equilibrio para la productividad.

Una vez que han pasado las campañas nos encontramos con dos realidades:

1) La verdad sobre la decisión que tomamos en las urnas y,

2) La condición del pueblo para enfrentar su realidad.


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