Prohibir no es la solución

Si observamos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de los niveles críticos a los que han llegado las conductas dentro de la sociedad, las familias y las instituciones; las cuales, echan de ver una marcada falta de interés por vivir dentro del orden y la legalidad.

Pero lo más preocupante, es que esta manera social de vivir se incrementa día con día, transformándose en una costumbre que hace innecesarias las indicaciones, los señalamientos y las instrucciones viales, sociales y legales; porque damos vuelta en donde no se debe, nos estacionamos en doble fila, bloqueamos cocheras, no respetamos los altos de cortesía (cuatro altos), nos pasamos semáforos en rojo, bloqueamos calles para hacer fiestas, etc.; generando una convicción por el desorden que trasforma a las comunidades en la tierra donde todo se vale; sumando a esto el fenómeno de la apología que se hace al narcotráfico en la sociedad actual.

Por todo esto, se ha buscado contrarrestar esta anti-cultura social que nos inunda de ilegalidad, corrupción, desorden y violencia, al mismo tiempo que nos autodestruimos como sociedad. El camino más fácil que se ha encontrado es LA PROHIBICIÓN.

Prohibir los narcocorridos, prohibir las minifaldas en las escuelas, prohibir los piropos, prohibir las palabras obscenas; y en el menor de los casos, protestar contra el consumo del alcohol, la prostitución y la homosexualidad. Pero hay algo que nos debe quedar claro, la prohibición no es la solución, por cuanto no genera cambios de conciencia, y tampoco es capaz de transformar comunidades.

Tristemente, se ha querido usar la prohibición como un sustituto de la EDUCACIÓN FORMATIVA.

Dijo Pitágoras: “¡Oh legislador! No me des leyes para los pueblos, sino pueblo para las leyes”. Lo que realmente cambia y transforma a las personas y las comunidades, es la cultura; y la cultura son los modelos, principios de vida y contextos que influyen sobre la conducta de los seres humanos, a esto se le conoce como proceso para el desarrollo sustentable.

Cuando una sociedad está educada no necesita prohibiciones, sólo requiere instrucciones e indicaciones, porque un pueblo enseñado a vivir en orden y legalidad, es el que pide información para actuar; pero el que no, aun cuando le digas: “NO”, lo hará, porque no está enseñado. Todos tenemos la idea que los policías de tránsito están para infraccionar a los que se pasan los semáforos en rojo, a los que se estacionan en doble fila, a los que conducen en exceso de velocidad, etc.; pero la verdad, es que los policías de tránsito, están para dirigir el tráfico, para orientar a los conductores en las horas pico, para coordinar las zonas de mucha afluencia o de concentración vehicular, como son las escuelas en su hora de salida, un estadio y eventos especiales. Somos nosotros los ciudadanos los que debemos tener educación y la civilidad para conducir correctamente.

Somos nosotros los que debemos respetar los señalamientos y sentirnos orgullosos de esperar la luz verde de un semáforo, aun cuando sean las tres de la mañana y no haya otro vehículo circulando por la calle de intersección. No se trata de prohibir corridos, y no es que yo los considere como buena influencia; se trata, de proponer y difundir la música que deseamos que domine en nuestra sociedad. La solución no es prohibir, es educar y formar.


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