La cultura de la honestidad

La honestidad, es una cualidad del ser humano que está en la coherencia y sinceridad de su comportamiento y sus expresiones, apegada a la verdad y la justicia.

La honestidad, es por mucho la base y estabilidad de un país, de una sociedad y de las familias. Es el fruto de una educación formativa, lograda con la siembra de principios que dan vida a las virtudes y habilidades transpersonales para el enriquecimiento y fortalecimiento de la sociedad con enfoque preciso en la verdad para una cultura de orden y legalidad.

En contraparte, la deshonestidad, surge por los intereses de hombres y mujeres corruptos de entendimiento, vacíos de todo principio, e insensibles a las necesidades humanas y espirituales de una sociedad; anteponiendo sus ambiciones descontroladas, por encima de la estabilidad de los muchos.

Mientras una persona honesta se enfoca en la verdad, el orden y la legalidad; el deshonesto, se conduce con mentira, desorden e ilegalidad.

La crisis social y política, no es consecuencia de un accidente o de un brote circunstancial, sino debido al incremento de la deshonestidad a nivel del liderazgo, afectando de manera importante; porque el líder, ejerce una paternidad y autoridad sobre las estructuras diseñadas para el desarrollo del país.

Cuando la deshonestidad alcanza a las cabezas de las instituciones, la honestidad se vuelve una especie en extinción y con ella también el orden, la justicia, el desarrollo sustentable, la economía, la productividad, la equidad, la paz social, la estabilidad familiar, el progreso, el crecimiento, el poder adquisitivo, las oportunidades, la legalidad, etc. La deshonestidad hace que las personas piensen en los pocos y no en los muchos y distribuyen las cosas para unos cuantos. Pero lo más grave de la deshonestidad, es que ciega el entendimiento de las personas para no ver que un país se vuelve inseguro cuando pensamos sólo en los pocos y no en los muchos.

Cuando la deshonestidad, se infiltra a esos niveles, se transforma en un sistema que incuba, engendra, forza y promueve la contaminación social y política, haciendo común y normal la ilegalidad, el soborno, el nepotismo, los conflictos de interés y la anomia social.

La sistematización de la deshonestidad, implica una práctica casi oficial de la misma, dando pie a una lucha desigual entre los individuos que por iniciativa propia desean vivir con honestidad, pero que se encuentran con un sistema viciado, que funciona a través de la corrupción y la ilegalidad.

Dijo Pitágoras: “¡Oh legislador! No me des leyes para los pueblos, sino pueblos para las leyes.”

Necesitamos un pueblo que respete la ley, pero también gobernantes que practiquen la honestidad como religión, para que sea una tendencia natural en nuestra educación y formación. Para que sea una fuerza envolvente que dé pie a la justicia y la transparencia.

Una sociedad que construye sobre bases de honestidad tiene como premio la paz, el desarrollo, el progreso y la estabilidad.

La deshonestidad es capaz de destruir lo que fue forjado con el esfuerzo, honestidad y valentía de aquellos héroes que nos dieron patria. Luchemos por un México honesto, el camino es la educación formativa, la cual, inicia en el hogar, para consolidar líderes que fomenten el cambio y la transformación.


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